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Información Turística

Historia

En Mojácar pervive, como en ningún otro rincón de Andalucía, una admirable y encantadora fidelidad al pasado árabe.

Por la villa de Mojácar han pasado a lo largo de los años civilizaciones y culturas que han convertido a este municipio almeriense en uno de los más emblemáticos y con más belleza arquitectónica de la provincia. Mojácar está asentada en una atalaya que domina el horizonte y ha sido codiciada por muchos pueblos de la antigüedad.
Entre el final del Neolítico y la Edad de Cobre (4.000-2.000 años a. C.) encontramos la huella humana en la tierra de Mojácar. El hallazgo de numerosas necrópolis y el descubrimiento de la Cultura Argárica o del Bronce se da entre los años 1.800-1.200 a.C., y encontramos la primera sociedad organizada de la Península Ibérica.

En la Edad de Hierro, llegan los celtas provenientes del norte y centro de Europa. También los fenicios y cartagineses se sintieron atraídos por la noticia de estos pueblos florecientes donde podían comerciar. Cuando los griegos ocuparon la región, denominaron a esta Atalaya Murgis Akra, Murgis en la altura, de ahí la derivación latina Moxacar, la Muxaca árabe que da pie al nombre actual de Mojácar.

En el siglo V se produce la invasión de los visigodos, que permanecieron en estas tierras hasta comienzos del siglo VIII, momento a partir del cual empezará la etapa musulmana que durará hasta el año 1.488, con la entrega de Mojácar a los Reyes Católicos.

Mojácar conoció su mayor esplendor en su dependencia del Califato de Córdoba, ya que su número de habitantes y su situación privilegiada la hacían plaza inexpugnable.

El 10 de junio de 1.488 los jefes moros de Mojácar rindieron obediencia al Rey Fernando el Católico. Esto significó la expulsión de los moros de Mojácar y también de Mojácar. Ésta fue repoblada con cien familias cristianas procedentes en su mayoría del Reino de Murcia.

En 1.530 el emperador Carlos V otorgó a Mojácar el título de ciudad y a su escudo de armas, concedido por los Reyes Católicos, se le añadió un águila bicéfala.

A partir del último tercio del siglo XVI, tiene lugar una importante remodelación urbana y aunque la principal fuente de vida sigue siendo la defensa costera contra el moro, los cristianos empiezan a abandonar la economía morisca de la seda y empiezan a cultivar el olivo, la vid, la higuera y el algarrobo.

Mojácar fue ciudad floreciente hasta bien entrado el siglo XVIII, en lo militar, civil y eclesiástico, como demuestra la existencia, además de la iglesia, de cinco ermitas: San Sebastián, Espíritu Santao, San Agustín, San Ramón y la de la Virgen de los Dolores.

Un factor clave del crecimiento de Mojácar fue el inicio de la actividad minera en la región. Dicho crecimiento acabó con el final de la I Gerra Mundial. Se inicia el éxodo hacia Sudamérica y posteriormente hacia Cataluña y Europa. La despoblación adquirió carácter alarmante.

Pero el milagro llegó en forma de turismo, que lejos de destruir la auténtica fisonomía de su pueblo y de sus gentes hizo que el visitante continuara admirando su pasado, su arquitectura, el color blanco de sus casas y el carácter abierto de gentes que heredaron la tolerancia y la convivencia de diversas culturas y religiones.


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